No confundas la frecuencia de un incidente con la facilidad con que lo recuerdas

martes, 5 de febrero de 2019

Imagina que ha habido un par de robos con violencia en dos parques de tu ciudad y que durante días están acaparando todos los medios de comunicación. Esta tarde te gustaría salir a correr al parque junto a tu casa por lo que estos incidentes acudirán rápidamente a tu memoria, provocando que pienses en la probabilidad de ser víctima de un robo (o algo peor) en tu parque, tu mente asociará lo siguiente:

¡¡¡Parque = Peligro!!!

Las imágenes que has visto en TV y en Internet harán que sobrestimes la probabilidad de que tú mismo seas la próxima víctima en otro parque cualquiera de otra ciudad. Como consecuencia, podrías evitar correr por el parque junto a tu casa (o cualquier otro parque) hasta que el eco mediático se apague. Sólo cuando dejes de pensar «¡¡¡Parque = Peligro!!», volverás a frecuentar los parques.

Información racional imagev

Se trata de un comportamiento irracional a todas luces. De hecho, tu mente está usando la siguiente heurística: si me vienen con facilidad a la memoria ejemplos de algo, entonces ese algo tiene que ser común. Como al pensar en «parque» me acuden imágenes de violencia, entonces la probabilidad de que me ocurra algo violento tiene que ser muy alta. Después de todo, ¿quién se dedica a consultar las estadísticas oficiales sobre atracos en parques? Si asaltaron a dos personas en parques, eso significa que los parques son peligrosos, digan lo que digan las estadísticas, ¿no?

Pues no. Los psicólogos llaman a este error de juicio el sesgo de disponibilidad: cuanto más fácil de recordar nos resulta un acontecimiento, más probable creemos que es.

Tendemos a sobrestimar la frecuencia de causas sensacionales y subestimar la frecuencia de las causas mundanas
Los seres humanos somos realmente malos con los números y no digamos ya calculando probabilidades. Rara vez nuestra percepción de un riesgo coincide con su realidad, tendemos a magnificar los riesgos espectaculares, novedosos, vívidos, recientes y emocionales. El resultado final es que nos preocupamos por riesgos que podríamos ignorar sin perjuicio y no atendemos lo suficiente a riesgos sobre los que la evidencia nos alerta.

La siguiente tabla, adaptada por Bruce Scheneier a partir de la literatura científica sobre el tema, recoge cómo las personas percibimos los riesgos en términos generales:

Tabla riesgo Scheneier

La heurística de disponibilidad explica la mayoría de los comportamientos listados en la tabla. Igualmente, tomamos a diario decisiones (grandes y pequeñas) con implicaciones directas en seguridad:
  • ¿Me conecto a esta WiFi pública?
  • ¿Introduzco este pendrive en mi puerto USB?
  • ¿Envío este archivo confidencial adjunto por correo electrónico?

Calculamos los riesgos de manera automática sin prestar demasiada atención consciente: no sacamos la calculadora ni las tablas de frecuencias de incidentes para determinar las probabilidades. Así que nos dejamos guiar por esta heurística de disponibilidad: ¿me viene a la mente rápidamente un incidente relacionado con este desafío de seguridad? ¿No? Entonces debe ser poco probable, luego el riesgo será bajo. ¿Sí? Entonces será bastante probable, por lo que el riesgo será alto.

La cuestión es: ¿por qué algunos acontecimientos son más fáciles de recordar que otros? Saberlo nos ayudará a tomar mejores decisiones de seguridad y a no dejarnos influir tan fácilmente por los demás: vendedores, blogueros, prensa, amigos, etc.

Las historias vívidas se graban a fuego en la memoria
En concreto, los investigadores del campo han identificado algunos factores que hacen que un acontecimiento se nos grabe en la memoria más duraderamente que otros: 
  • Cualquier contenido emocional hace que el recuerdo perdure más. Una de las emociones más poderosas en este sentido es precisamente el miedo. Algo que habrás notado en muchas noticias y anuncios sensacionalistas sobre ciberseguridad.
  • Las palabras concretas se recuerdan mejor que las abstracciones como los números. Por eso tienen mucho mayor impacto las historias anecdóticas que las estadísticas. Aunque nos duela admitirlo (¿no éramos animales racionales?), nuestras decisiones se ven más afectadas por información vívida que por información pálida, abstracta o estadística.
  • Las caras humanas tienden a grabarse en la memoria, al menos si están expresando emociones. Por eso los anuncios y campañas más exitosos tienen protagonistas con rostro propio.
  • Los acontecimientos más recientes se recuerdan mejor que los antiguos. La memoria se degrada con el tiempo. Si circulas por la carretera y pasas junto a un accidente, serás muy consciente del riesgo de sufrir uno tú mismo, por lo que disminuirás la velocidad y circularás con precaución durante unos pocos kilómetros... hasta que la conversación vire hacia otro tema y olvides completamente la visión del siniestro.
  • Del mismo modo, que un acontecimiento sea novedoso también ayuda a que se fije en la memoria. Lo cotidiano pasa desapercibido; lo extraordinario, llama la atención.
  • Y como todos los estudiantes saben bien, la concentración y la repetición ayudan a la memorización. Cuantas más veces te expones a una información, mejor se te queda. ¡Qué bien lo saben los publicistas!

Todos estos efectos son acumulativos. Resumiendo, según el psicólogo social Scott Plous:

En términos muy generales: (1) cuanto más disponible esté un evento, más frecuente o probable nos parecerá; (2) cuanto más vívida sea una información, más fácil de recordar y convincente resultará; y (3) cuanto más prominente (diferente al resto) es algo, más probable será que parezca causal.

¿Dónde crees que encontramos historias que cumplan todos estos requisitos? ¡En los medios!

Si sale en las noticias, ¡no te preocupes!
Como ocurre con otros muchos sesgos y atajos de pensamiento, en la mayoría de las situaciones de nuestra vida cotidiana la heurística de disponibilidad resulta válida: si se nos ocurren muchos ejemplos de algo es porque de verdad ha ocurrido muchas veces.

Seguro que a todos nos resulta más fácil pensar en científicos hombres que en mujeres, en franquicias mundiales estadounidenses que españolas o en futbolistas en la Champions League españoles que malteses, por la sencilla razón de que hay muchísimos más ejemplos en la primera categoría que en la segunda. La heurística de disponibilidad por tanto nos sirve bien la mayor parte del tiempo, la facilidad con la que recordamos ejemplos relevantes suele ser un buen atajo para estimar su probabilidad o frecuencia.

Este atajo, sin embargo, no es infalible. Algunos sucesos pueden ser simplemente más memorables que otros, por lo que su disponibilidad resulta ser un pobre indicador de su probabilidad. La información negativa que se reporta en las noticias es, en buena medida, la responsable de alimentar esta heurística. Por definición, para que algo salga en las noticias tiene que ocurrir rara vez; de hecho, tiene que ser tan prominente, que atraiga la atención. Así, las noticias informan de lo estadísticamente irrelevante, sesgando nuestra percepción sobre la frecuencia de los acontecimientos. 

Como resultado, si las personas evalúan su riesgo por la facilidad con que pueden recordar varios peligros, se preocuparán especialmente por los peligros a los que están expuestos en los medios de comunicación, y no tanto por los peligros que reciben menos atención, incluso si son tanto o más letales.

Por este motivo tendemos a creer que es más probable morir en un accidente que de una enfermedad, debido a que el choque brutal de dos vehículos en un puente sobre un precipicio recibe mayor cobertura mediática que la muerte por asma, a pesar de que mueren 17 veces más personas por enfermedad que por accidente. Pero claro, todos los días vemos noticias de accidentes mientras que solo nos enteramos de una muerte por asma si acaece a un amigo o familiar.

Más aún, algunos investigadores afirman que para que esta heurística funcione el suceso ni siquiera tiene que haber ocurrido realmente. Puede ser pura ficción: tan solo basta con que lo hayamos visto en una película o serie.

Y, por supuesto, los medios audiovisuales son más vívidos que los escritos (¡y salen más caras humanas!). Con el tiempo, uno olvida dónde vio un suceso, si en el cine o en el telediario; la fuente de la información va difuminándose y sólo sobrevive el ejemplo en sí mismo, real o ficticio. ¡Como para fiarse de la disponibilidad de un ejemplo!

En palabras de Daniel Kahneman:

El mundo que imaginamos no es una réplica precisa de la realidad. Nuestras expectativas sobre la frecuencia de los acontecimientos están distorsionadas por la prevalencia y la intensidad emocional de los mensajes que nos llegan.

Cómo sobrevivir a la heurística de disponibilidad en la ciberseguridad
El primer paso para combatir un sesgo es conocer su existencia. Si has llegado hasta aquí, ya tendrás una idea clara de cómo funciona nuestra heurística de disponibilidad. A partir de ahora, ¿qué puedes hacer?
  • Como ya sabes, bajo la influencia de la heurística de disponibilidad, los usuarios tienden a sobrestimar la probabilidad de eventos vívidos y sorprendentes y se centrarán en la información fácil de recordar. Como responsable de seguridad puedes explotar este efecto proporcionando a los usuarios historias sencillas y fáciles de recordar en lugar de citar información y datos estadísticos: por ejemplo, compartiendo con los usuarios historias sobre cómo la exfiltración de datos de un prototipo secreto condujo a un importante caso de espionaje industrial donde se robó un dispositivo USB sin cifrar, en lugar de presentar la evidencia de que «más de la mitad de los empleados reportan haber copiado información confidencial en unidades flash USB, a pesar de que el 87% de esas compañías tenían políticas que prohibían la práctica».
  • Haz uso de la repetición: cuando más repitas un mismo mensaje, a poder ser con buenos ejemplos, más fácilmente acudirán esos ejemplos a la memoria de los usuarios y, con ellos, el propio mensaje.
  • Aprovéchate del ruido mediático de incidentes de seguridad para utilizarlos como vectores de transmisión de tus mensajes de seguridad. Huye de las abstracciones y de los datos impersonales: ancla tus mensajes en el último ejemplo del que todo el mundo habla.
  • Presta más atención a las estadísticas que al peligro del día. No bases tus juicios en pequeñas muestras de casos representativos, sino en los grandes números. Que algo salga últimamente mucho en los medios no significa que sea frecuente o de alto riesgo, solo que es noticioso, es decir, que constituye una buena historia.
  • Tampoco confíes en tu memoria. Echa mano de los datos antes de decidir sobre la frecuencia o magnitud de un suceso.
  • Bajo esta heurística, nos sentimos más impulsados a instalar contramedidas de seguridad después de haber sufrido un incidente que antes de sufrirlo. Consulta las estadísticas para entender qué riesgos reales os acechan. Y no esperes a ser golpeado para protegerte. Si el riesgo es alto, ignora la cobertura mediática que reciba el peligro. ¡Protégete ya!
  • Recordamos más un incidente que la falta de incidentes. Al fin y al cabo, todo incidente es en sí mismo una historia, mientras que la ausencia de incidentes no construye una historia demasiado seductora. Por ejemplo, en los casinos suenan a todo volumen las músicas de las máquinas tragaperras cuando consiguen un jackpot; pero las que no ganan, no emiten sonido alguno. Esta asimetría te hará pensar que el jackpot es mucho más frecuente de lo que realmente es. Presta atención no solo a lo que ves, sino también a lo que no ves, es fácil recordar un virus con éxito; difícil, millones de virus que no tuvieron éxito.
  • Rodéate de un equipo con diversas experiencias y puntos de vista. El mero hecho de la diversidad limitará la heurística de disponibilidad porque los miembros de tu equipo se desafiarán entre sí de forma natural.
  • Utiliza tu red de contactos más allá de tu organización al tomar decisiones. Permite que otros te traigan perspectivas que simplemente no podrían existir dentro de tu organización. En otros grupos circularán otras historias que sesgarán sus juicios en otras direcciones. 

Así pues, la próxima vez que tomes una decisión, haz una pausa para preguntarte: «¿Estoy tomando esta decisión porque me viene a la mente un acontecimiento reciente o realmente estoy tomando en consideración otros factores que no puedo recordar tan fácilmente?». Cuanto mejor entendamos nuestros sesgos personales, mejores decisiones tomaremos.

Gonzalo Álvarez Marañón
@gonalvmar
Innovación y laboratorio

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